—¡Abi, otra ronda! —gritó Victoria, feliz.
Abigaíl caminó con la botella de tequila en la mano.
—Que lo disfruten —dijo con claro sarcasmo.
De reojo miró a su profesor. Él la estaba esperándola. Se hallaba tan ansioso como ella.
Podrían haberse perdido en ellos mismos, pero Victoria estaba presente y, por supuesto, quería encarecidamente la atención de Oliver.
Era su noche, su gran noche. No iba a permitir que nadie ni nada se la arruinara. La había soñado tantas veces que, nunca pudo ver tod