Esa tarde, Abigaíl se preocupó de que todo estuviera en orden en su casa, puesto que tenía que ir a trabajar para cumplir con sus responsabilidades.
Se derrumbó en la sala al entender que sus hermanos pasarían otra noche a solas y ella con el corazón en la garganta, sin saber si estaban a salvo o no.
Bien sabía que eso no era lo correcto, incluso temía por su seguridad, pero ya no le quedaban otras opciones.
El trabajo que tenía en el bar era lo más decente que había conseguido en mucho tiemp