Aunque no le pareció muy buena idea, Oliver tuvo que decirle adiós a la estudiante cuando llegaron a la Universidad y sus caminos se dividieron de manera forzosa.
Disimular no era parte natural en él, pues, si bien, no tenían clases juntos ese día, se las ingenió para buscarla en los recesos entre clase y clase.
Necesitaba verla.
Comió incluso en las mesas exteriores y no le quitó los ojos de encima durante ni un solo segundo.
Por más que se exigía a sí mismo dejar de babear y ser tan obvio, n