Capítulo 31.

El silencio pesaba en el aire.

No era incómodo, solo denso… como si las palabras que acababa de pronunciar aún flotaran sobre nuestras cabezas, sin decidir si caerían o si se esfumarían en el aire.

Selene, Brigitte, Nora y Elena no dijeron nada durante un buen rato. Ni siquiera se movieron. Podía oír el sonido tenue de la respiración de mi hija, y el golpeteo lejano del agua en las tuberías, pero nadie en la habitación pareció querer romper el silencio.

Me habían esperado despiertas y preocupad
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