Capítulo 29.

Comenzó a llover.

El silencio se alargó después de que Selene terminó de hablar.

Por un momento, solo se oía el rumor tenue de la lluvia afuera, y el crujido suave del catre bajo el peso de su cuerpo. Pensé que nadie diría nada más, que todas preferiríamos escondernos en nuestros pensamientos. Pero entonces, una voz baja, casi un murmullo que me hizo saber que las otras hembras no estaban dormidas, rompió el aire.

—¿Cómo era tu hogar? —preguntó la más joven de las lobas.

Su tono fue tan suave q
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