Capítulo 11.
Gruñí por lo bajo y caminé directo hasta la mesa donde Selene y las otras ya estaban reunidas. No eran las únicas en la mesa, y de hecho solo conocía de vista a otra loba, pero no me importó sentarme allí. Dejé caer mi charola frente a mí y comencé a comer sin prestar atención al bullicio del comedor.
Noté, sin embargo, una mirada fija sobre mí. Era Verónica, la loba encargada de “bajar y subir” a las reclusas. Mantenía la barbilla apoyada en su mano mientras me observaba con descaro.
—¿Qué? —l