—Tú eres el culpable. —Al decir esas palabras, veo cómo sus lágrimas bajan por las mejillas y, en un momento de ira, aprieta el vaso de cristal que trae en sus manos, rompiéndolo debido a la presión, causando que este se incruste en su mano, provocando que comience a sangrar. A mí me rompe el corazón porque estar escuchando todo eso, hasta yo sé que él es el que menos tiene la culpa.
Así que, sin importarme que me encuentre desnuda, salto de la cama ignorando mi cuerpo adolorido debido a lo qu