DALTON
El fracaso de la persecución todavía me hacía reír, aunque en el fondo el nerviosismo me taladraba el pecho. Caminamos de regreso al hotel de Lía, sin prisa, como si pudiéramos alargar la noche para no enfrentarnos al miedo. Iba de la mano con ella, nuestros dedos entrelazados, como si el mundo fuera menos peligroso así.
A pesar de que sabíamos el peligro que aquella foto significaba, habíamos decidido encerrarnos en una burbuja temporal y no hacer caso, por ahora, al problema. Sabía que