Esposo posesivo
DALTON
El roce de sus labios todavía me quemaba, pero lo que me tenía realmente perdido eran esos malditos ojos grandes que me miraban como si pudiera resistirse. No podía. Ni quería.
— Dímelo igual —. Le solté, con esa insolencia que sabía que la volvía loca—. Quiero escucharte, Lía. Te reto a que encuentres la manera de decirlo sin que nadie afuera se entere de lo que estoy haciéndote.
Ella tragó saliva, sus mejillas enrojecieron. Mi sonrisa se ladeó. Bajé la voz, convirtiéndo