LÍA
Las palabras “futura señora Keeland” rebotaron en mi cabeza como un eco imposible de ignorar. Eran ese tipo de magia que era imposible de ignorar y hacía que un ejército de mariposas drogadas aparecieran golpeándome el abdomen y las piernas se me hicieran agua.
Me atravesaron la piel, los huesos, el corazón y llegaron hasta ese rincón secreto donde solo viven los sueños más tontos y los anhelos más ridículos ¿Futura señora Keeland? ¡Por favor! ¿Quién, en su sano juicio, quería ese título? Yo