Se quedó quieto y vio cómo sus ojos se abrían y se encontraban con los suyos mirándole fijamente, enviándole un escalofrío por toda su médula espinal y paralizando sus sentidos.
—Quisiera, pero tenemos mucho tiempo para estar así luego. Además, tenemos que irnos de una vez, tú misma lo has dicho,
—Es verdad, se me había olvidado... —murmuró avergonzada y lo soltó con lentitud, todavía recuperando la respiración—. Vámonos o tendrás problemas.
Daniel se arregló la camiseta y se ubicó en el asient