—Estás tan mojada, bonita.
—No digas eso... —las palabras se ahogaron en su boca y ajustó el agarre en su cuello.
—Eres un espectáculo demasiado atractivo de ver.
Serena se sacudió, sintiendo que su mente se nublaba poco a poco. Ni siquiera quería abrir los ojos, porque sentía que la vergüenza la terminaría consumiendo. Movió ambas manos hasta sus labios para intentar silenciar los sonidos que salían de su boca y unas manos cayeron sobre las suyas.
—Deja eso, no pasa nada, quiero oírte. No sabe