Serena asintió, agradecida por la ayuda de Daniel. Sin embargo, no pudo evitar notar la melancolía en su voz y en su mirada. Algo no estaba bien, y ella lo sabía. A medida que caminaban de regreso a casa, Serena decidió abordar el tema que estaba pesando en su mente.
—Daniel, ¿estás bien? —preguntó con suavidad, colocando una mano en su hombro.
Daniel miró a Serena, su expresión cambiando ligeramente mientras reflexionaba sobre la pregunta de su prima. Después de un momento de silencio, suspiró