—Yo te amo, Daniel, demasiado — susurró Serena en una inspiración, cerrando los ojos ante su suave contacto.
Continuó besándola, disfrutando de su sabor dulcificado mezclándose con el suyo, aumentando la intensidad a cada segundo transcurrido, mientras sus manos empezaban a delinear su cuerpo y se separaba para acercarse a su oído, acaparando su lóbulo izquierdo con su boca.
—Mi amor, mi antídoto, mi cura, mi Serena mi ángel, mi nena.
Sus labios descendieron hasta su cuello y la observó entreab