Marcó el número de Christina y esperó que esta contestará el teléfono, pero no lo hizo. Permaneció acostado en el sofá con una sensación de vacío, como de tener los brazos y las piernas amputadas, por no poder hacer nada para cambiar la realidad que vivía, que lo sofocaba dolorosamente.
Volvió a marcar y rogó a los cielos poder escuchar su voz. Cuando Christina contestó, el estómago se le encogió e hizo que se sentara de golpe, buscando una postura adecuada para poder hablar.
-Hola -dijo con la