Lo siguió con la vista, al percatarse de que se alejaba rebuscando en el cajón de la mesa de
noche. Al regresar, Santiago le preguntó si podían jugar un rato, mostrándole una cinta. Ella
asintió y él le ató las manos a la cama, para después ponerle un pañuelo sobre los ojos. Christina sintió el cuerpo laxo, relajado, le apeteció complacerlo. Entonces, notó algo frío recorriéndole el monte de venus, él había sacado un hielo de la copa con sangría, para recorrerle la piel de manera pausada, soseg