Le soltó las manos, para poder apretarle la carne de los glúteos, satisfaciendo así su tacto con aquella deliciosa piel. Santiago la hizo girar, agachándose detrás de ella, le levantó el vestido, para sorprenderse gratamente por la diminuta pieza que envolvía el bonito culo de su novia. Lo amasó y luego lo mordió, haciéndola gemir más alto. Cuando estuvo satisfecho, se levantó de golpe, colocándole la erección justo ahí, en donde acababa de propinar tantas atenciones, para después acariciar con