Le pareció que todo se sentía intenso, único, apabullante. Era como tomarse un sedante y una bebida energizante al mismo tiempo. Relajante, aunque eufórico. Lo apretó de nuevo contra sí, aferrándose a él, sintiendo cómo se impregnaba del aroma masculino, de todo el sudor que desprendía su piel y que los hacia resbalar uno sobre el otro.
Santiago pasó los brazos tras la espalda de ella, apoyando una mano en cada hombro, atrayéndola hacía sí con cada embestida reiterada, haciendo que la pelvis de