Entre sus explosiones de desenfreno, Santiago instintivamente se volvía comedido en momentos precisos, enfocando su atención en brindarle a Christina caricias suntuosas e inesperadas, sin dejar el principal motivo de sus acciones a un lado, el cual era hundirse entre sus muslos con desespero. Ella en cambio, era presurosa, cuando se excitaba se descomprimía, afloraba ese instinto carnal, uno que la empujaba a ser demandante, aunque no de una forma dominante, pero sí desinhibida.
Al menos, eso