-Sí eso ya lo sé. Déjame ir por un pijama y me daré un baño.
-De acuerdo, pero prométeme que no abrirás más la llave del agua caliente.
Ella hizo un puchero que le causó gracia y la siguió a la habitación. La vio buscar todo lo que necesitaba para volver al baño. Pasados unos segundos, la escuchó gritar una aldición, seguramente, cuando entró al agua y la sintió helada. No pudo evitar reírse un poco, aunque sabía que la pobre la estaba pasando fatal. Diez minutos después, escuchó cómo salía de