Era así de práctico, no se mataba a pasiones con indecisiones, no batallaba demasiado con sus antojos, se liberaba así mismo cada vez que lo necesitaba. Si quería hacer algo, lo hacía sin darle demasiadas vueltas. Tomó las llaves del carro, bajó los escalones de dos en dos apresurado y condujo hasta la casa de Christina. Al llegar, analizó la fachada, a diferencia de las demás viviendas de la cuadra, esta no tenía las luces encendidos. Era notorio que no estaba. A pesar de ello, decidió asegura