Mundo de ficçãoIniciar sessão¿Qué estarías dispuesta a hacer por los que amas? Samantha Parisi no tenía nada personal contra Giovanni. Él era el medio para un fin. Su padre estaba metido en graves problemas y tenía que ayudarle. Giovanni Morelli se comprometió a participar en la subasta su tía, pero jamás dijo que lo haría con una sonrisa. Su aburrimiento desapareció en el momento que vio a la castaña que ganó la subasta. Antes de que pudieran hablar, ella desapareció de la fiesta dejándolo más intrigado. Después de una noche maravillosa, Giovanni lo tenía claro, no estaba dispuesto a renunciar a ella tan pronto… Entonces, descubrió los planes de Samantha y se puso furioso. Lo último que quiere es volverla a ver, pero una noticia cambiará las cosas otra vez.
Ler mais—Solo un poco más… —dijo Samantha mientras terminaba de ponerle el pañal a su hija. —Y ya está —le abrochó su body y le hizo cosquilllas en su barriguita. Su hija soltó una carcajada y sacudió las piernas. —¿Quién se portó muy bien? —preguntó acercando su rostro. Le frotó la nariz con la suya—. Por supuesto que fuiste tú. ¿Y qué quieres hacer ahora? Su hija balbuceó algunas consonantes. —Podemos esperar a tu papá mientras jugamos un rato. Levantó a su hija y la acomodó sentada en uno de sus brazos antes de darse la vuelta. Su hija empezó a rebotar mientras chillaba emocionada al ver a Giovanni. Él estaba inclinado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. —¿Cuánto tiempo llevas allí? —preguntó. —Unos minutos. Giovanni se acercó a ella y le dio un beso en los labios. Luego tomó a Bianca, quien estaba más que feliz de irse con su padre. —Nunca me cansó de verlas interactuar. Eres una madre increíble. Samantha sonrió. No era fácil criar a alguien. Había enfrentado varios
Después del incidente con Viola, Giovanni había llevado a Samantha de regreso a casa. Ella había terminado de trabajar por ese día y él había pospuesto sus pendientes. Su esposa se había sentido bastante agobiada la última vez que se encontró con su madre biológica. Quería estar allí en caso eso volviera a suceder. Su hija descansaba en la habitación mientras ellos pasaban el rato en el sofá.—Jamás vi a mi madre pegarle a nadie —comentó mientras acariciaba el brazo de Samantha, distraído.—Tampoco yo.Sonrió orgulloso. Giovanni había podido ver lo sucedido en el video de seguridad que Cristiano le envió apenas salieron de la galería.Había repetido un par de veces la escena de la bofetada, solo para asegurarse que se trataba de su madre. Aunque ella no toleraba las estupideces de nadie, no recordaba ni una sola vez en la que le había hecho daño físico a otra persona.Su madre estaba a favor del diálogo —cuando eso no funcionaba, allí estaba el padre de Giovanni para hacerse cargo—;
—¿Qué te parece? Bianca alzó la mirada y le dio una sonrisa. En sus manos estaba el cuaderno de diseños de Samantha, el mismo que contenía los diseños que formarían parte de su nueva colección infantil. Bianca se había presentado en su galería una hora atrás para comprar unos vestidos y entre conversaciones había terminado mostrándole sus diseños. Había estado algo nerviosa cuando lo hizo. Ella podía no ser diseñadora, pero era una artista. Había trabajado en ese proyecto durante meses, avanzando poco a poco, pero sin poder terminarlo, hasta ahora, debido a todas las demás responsabilidades que tenía. Además, había supuesto un reto debido a que era algo nuevo para ella. Dos días atrás le había mostrado a Giovanni sus diseños. Tal y como se lo había prometido, él fue el primero en verlos. Giovanni había alabado su trabajo y la había alentado a comenzar con la producción ahora que tenía la colección completa. No solo eso, se había ofrecido a ser su inversionista, si le faltaba presup
Los primeros rayos del sol empezaron a iluminar la habitación. Giovanni llevaba media hora despierto escuchando la respiración acompasada de Samantha y observándola dormir con la precaria luz del amanecer. Ella estaba durmiendo boca abajo. Su cabello, desordenado, le tapaba una parte del rostro. La sábana llegaba hasta la cintura y podía ver el contorno de sus senos asomándose por un costado. La necesitaba otra vez, con tanta intensidad, que era difícil creer que la había poseído varias veces en los últimos días. Se preguntó si en algún momento ese deseo insaciable que lo consumía llegaría a disminuir al menos un poco. Lo dudaba seriamente. Intentó pensar en otra cosa. No debería perturbar su sueño, habían estado despiertos hasta muy entrada la noche haciendo el amor y ella requería algunas horas más de sueño. Aun así, como un niño atraído hacia un objeto brillante, su mano cobró vida propia y se posó sobre la espalda de Samantha. La acarició de arriba hacia abajo con las yemas de





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