Los primeros rayos del sol empezaron a iluminar la habitación. Giovanni llevaba media hora despierto escuchando la respiración acompasada de Samantha y observándola dormir con la precaria luz del amanecer.
Ella estaba durmiendo boca abajo. Su cabello, desordenado, le tapaba una parte del rostro. La sábana llegaba hasta la cintura y podía ver el contorno de sus senos asomándose por un costado.
La necesitaba otra vez, con tanta intensidad, que era difícil creer que la había poseído varias veces