Samantha levantó la cabeza al escuchar un par de golpes en la puerta.
—Alguien está aquí para verte —dijo Leticia con una sonrisa enorme en el rostro y se hizo a un lado para dejar pasar a Giovanni.
Le agradeció a Leticia antes de que ella se marchara dejándolos a solas. Su oficina, de pronto, se sintió más pequeña con la imponente presencia de Giovanni.
—Hola, ángel —saludó él y se acercó con pasos lentos.
Samantha no pudo quitarle los ojos de encima y tampoco se movió. Era como si él la