El silencio de Valdoria es ensordecedor.
Es raro que el silencio pueda gritar, pero aquí está, en los pasillos subterráneos donde hace apenas horas retumbaba la música de la guerra. Las antorchas parpadeaban entonces, iluminando rostros cubiertos de ceniza y sangre. Ahora iluminan solo vacío y preguntas sin respuesta.
Llevo a Christian a través de los pasillos. Sus brazos están alrededor de mi cuello, no por amor, sino por necesidad. Toda su musculatura es peso, es dolor concentrado en forma hu