La oscuridad de la Cámara de los Antepasados parecía cobrar vida, alimentada por las palabras de Elowen y el latido errático del relicario en mi pecho. Al cerrar los ojos, la realidad de Valdoria se desvaneció, arrastrada por una marea de recuerdos que no me pertenecían, pero que el Corazón de los Cazadores me obligaba a presenciar como si fueran cicatrices frescas en mi propia piel.
Vi una aldea oculta entre la bruma de un valle olvidado. Allí, décadas antes de mi nacimiento, una niña de cabel