El silencio después de su confesión es más ensordecedor que cualquier grito.
Miro a mi tía, luego a Christian, luego a mi padre que aparece junto a ella, ese hombre que nunca supe si era mío o un títere más en este juego. Un hombre cuya muerte lloré hace tan solo momentos atrás, pero que también resultó una mentira. Las cadenas de control que atan su mente brillan bajo el pelaje plateado, pulsando con símbolos que reconozco del relicario que quema contra mi pecho.
Mi tía se ríe. Es un sonido qu