La he encerrado de nuevo. He vuelto a cometer el mismo error, usando la fuerza bruta donde debería haber usado la seducción. He sellado las puertas con una voluntad de hierro, pero el aire en esta mansión sigue oliendo a su rebelión. Mientras observo las sombras alargarse en mi despacho, me pregunto si ella puede sentir el peso de mi remordimiento, o si para ella solo soy el carcelero que ha robado su luz. Pero, ¿cómo explicarle que mi tiranía es el único muro que la separa de la extinción?
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