La mansión se sentía diferente cuando Julian no estaba. Sin su presencia dominante, el aire recuperaba una quietud sepulcral, y las sombras, antes sumisas, parecían susurrarle a Amelia desde las esquinas. Julian había salido poco después de su encuentro en la cama, alegando una "urgencia con el Cónclave", pero Amelia sabía que era una mentira. Había visto el hambre en sus ojos, una sed que no era solo de sangre, sino de distancia. Él necesitaba alejarse de ella para recuperar el control que se