La paz en Argentia era un cristal hermoso, pero extremadamente delgado. Habían pasado tres meses desde que Julian Vance hundiera su espada en el corazón del Telar de la Eternidad. Tres meses en los que la "Noche de la Seda" se había convertido en una leyenda que los padres contaban a sus hijos para explicar por qué, a veces, el cielo parpadeaba con un tono dorado antes del amanecer.
Sin embargo, para Julian, la paz era una carga. Sus alas de sombra, antes densas como el carbón, ahora tenían una