La sala de Silas, en la cúspide de la Torre Prometheus, se había convertido en el vórtice de una pesadilla. Alistair, atrapado en la red de energía roja, gritaba mientras el portal sobre Nueva York se rasgaba. La luz del sol cobrizo se distorsionaba, revelando las siluetas de naves Cosechadoras que ya se asomaban desde la dimensión del Nadir.
Julian, envuelto en su armadura de sombras, golpeaba la barrera invisible que lo separaba de su hijo. Cada impacto enviaba una descarga de dolor, pero no