48. Pequeña Victoria
—¿Me dirás de una vez a dónde vamos? —Isabella acomodó su cabello, pero sus dedos temblorosos no hacían bien el trabajo, mientras seguía a Nathan a través del estacionamiento del centro comercial. El aire fresco de la tarde se sentía extraño en su piel después de tantas semanas de encierro. Supuso que esta era otra de sus pruebas, evaluar si nadie la reconocería en público con su nueva identidad.
—¿No puedo solo querer pasar una tarde contigo? — Nathan sonrió, ese hoyuelo marcándose en su mejil