El helicóptero rugía con fuerza cuando subimos.
Solo íbamos nosotros dos y el piloto.
Me acomodé el cinturón mientras comenzaba a elevarse.
—¿Por qué elegiste esto? —le pregunté a Alexander, levantando un poco la voz para que pudiera oírme.
Él estaba relajado, como si viajar así fuera lo más normal del mundo.
—Porque no puedes pasar diez horas en un auto en tu estado —respondió con calma—. En tres horas estaremos allí.
Parpadeé.
—¿Tres?
—Sí.
Lo miré un momento.
—¿Estás acostumbrado a este tipo