Pov Alexander:
La ciudad pasaba borrosa detrás de la ventanilla. No la veía. Solo veía su rostro.
Anastasia estaba en mis brazos, inconsciente, mientras la sangre empapaba el asiento de cuero. Se sentía fría contra mis manos. Su cuerpo se sacude con cada bache del camino y su piel… maldita sea, su piel está perdiendo color demasiado rápido.
—Más rápido —le ordeno al chofer—. Pisa el maldito acelerador.
No me mira. Sabe que no estoy pidiendo. Estoy dando una orden.
La herida en su abdomen es pro