Los dos días pasaron entre visitas al hospital y noches en vela.
Marcos seguía inconsciente, pero los médicos decían que mostraba mejoría. Era poco, pero era algo. Me aferré a eso como un náufrago a una tabla.
Y entonces llegó la noche de la fiesta de cumpleaños de Alexander.
Había comprado el vestido con una idea en mente. Era negro, largo hasta el suelo, con una abertura vertical en la pierna derecha que era todo un desafío a la decencia. Nada de escote, pero la espalda descubierta lo compen