A pesar de todo, logramos dormir.
El agotamiento era más fuerte que el dolor. Más fuerte que el miedo. Más fuerte que las preguntas sin respuesta.
Nos acostamos abrazados. Su pecho contra mi espalda. Su brazo alrededor de mi cintura. Su respiración cálida en mi nuca.
Y el sueño nos venció.
---
Me desperté en la madrugada. No sabía que hora era pero ya me sentía bastante descansada.
Estiré la mano y sentí que la cama estaba vacía. El lugar de Ezra, frío. Llevaba rato fuera.
Me levanté. Me puse