No sé cuánto tiempo pasó.
El tiroteo seguía a mi alrededor, pero yo ya no lo escuchaba. Las balas silbaban, los hombres gritaban, los cristales seguían rompiéndose. Pero yo estaba en otro lugar. En un lugar donde solo existía el peso de mi padre en mis brazos. Su sangre secándose en mi piel. Sus ojos vacíos mirando la nada.
Los hombres de Ezra ganaron.
No fue fácil. Hubo muchas muertes. Amigos. Enemigos. Hombres que tenían familia. Hombres que nunca volverían a casa.
Pero yo no podía pensar en