La noticia de Vanessa se quedó pegada en mi pecho como una mancha de humo. Pero yo no soy de las que se desmorona por algo así.
Esperaba sentirme pequeña, desplazada, ridícula. Esperaba que la duda me doblara las rodillas. Pero no. Lo que sentí fue algo distinto. Una claridad afilada. Porque si esa mujer había vuelto, si Alexander la dejaba estar así, entonces yo necesitaba respuestas. No solo sobre mi hijo. Sobre mí.
¿Qué era yo para él?
¿Un capricho pasajero?
¿Un reemplazo?
¿O algo que ni si