No dormí en toda la noche.
Di vueltas en la cama, mirando el techo, dándole vueltas a las palabras del mensaje. Se acostó con otra mujer la misma noche que te besó.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a Ezra con otra. Sonriéndole. Tocándola. Siéndome infiel antes de que siquiera fuéramos algo.
Pero, ¿éramos algo?
Nosotros no éramos nada en ese momento. No había promesas. No había compromiso. Solo un beso y un montón de sentimientos que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
Pero igual dolía.