Ezra no mentía cuando dijo que me encerraría de ser necesario. No exageró ni una palabra.
Cuando lo confronté ordenó a dos de sus hombres llevarme a mi habitación y encerrarme allí. Ellos lo hicieron, y por mucho que forcejeé no pude evitarlo. Al final la puerta se cerró con llave y quedé dentro.
Ezra no quiso escucharme más, y eso me molestó muchísimo. Después de todo lo que ha pasado entre nosotros, él parece cegado por sus propios objetivos, y olvida que es mi padre quien está allá, en man