Mientras estuve encerrada en la habitación se me ocurrió la idea más loca y arriesgada de mi vida.
No tardé en ir a buscar a Ezra para comentarle lo que tenía en mente. Él me escuchó exponerlo y su rostro se volvió un poema.
Mi plan era sencillo.
Demasiado sencillo, en apariencia.
Llamar a Renato. Pedir una reunión. Fingir que seguía su plan. Obtener información. Salir.
Ezra no estaba de acuerdo.
—Es peligroso —dijo—. Demasiado peligroso.
—Lo sé —respondí—. Pero es la única forma.
—Si algo te