Vi la furia encenderse en sus ojos. La mandíbula tensa, los puños cerrados. Alexander estaba a un segundo de perder el control.
Y si lo hacía… todo iba a estallar.
Había civiles hacía apenas unos segundos. Aún había gente cerca. Bastaba un disparo. Uno solo.
No.
No iba a dejar que eso pasara.
Me giré rápido. El tenedor estaba sobre la mesa, junto a los platos sucios de la comida. Lo tomé sin pensar y lo clavé en la mano del hombre que me había tocado.
Su grito perforó el aire.
—¡Mierda!
Su cuer