Mundo ficciónIniciar sesiónAbrió los ojos, un poco aturdida su cuerpo adolorido y su vista borrosa. En una habitación blanca, sin nada a su alrededor, atada de pies y manos sobre una placa de metal
Habia mucho silencio, como la sala de una hospital. Sacudió sus manos dándose cuenta que estaba atada con anchos cinturones de cuero.
Despreocupada echo un vistazo a su alrededor, parecía una habitación de tortura, más moderna que la que ella ofreció a Bastián, se rio de su suerte.
—No es el paraíso eso te lo aseguro, —de un rincón el retumbar de una voz femenina ahondo sus odios, y los pasos acercándose tensaron naturalmente su músculos. —No me gusta que se metan en mis asuntos.
Sin mascaras su rostro fresco piel morena, su cabello rizado, abundante y sujeto en una coleta alta. Parecía una muñequita, era hermosa reconoció cuando ella se puso delante.
—Si somos justas tú te metiste primero en los míos. —discutió con una voz desgastada.
Su carácter distaba mucho de su belleza, y su tolerancia era nula. Azahara sonrió, se divertirá de hacerla rabiar.
—Odio a los lobos como tú, qué idolatran y protegen a un maldito cazador como Magrini.
—Tu no entiendes. —pero tampoco se tomaría el tiempo de explicárselo.
—La que no entiende eres tú, pero te haré pagar la traición a los de tu especie.
—Por qué no comenzaste con el Alfa Vascotti…
—¿Dónde está Bastián?
—Veo que si lo conoces
—¿Dime donde esta?, que le hiciste.
—Nada que le desagradara… —Azahara se rio.
Jalo una daga de su pantorrilla, del cinto una ampolleta, rompió el frasco vertiendo un líquido sobre la fría hoja
Se inclino sobre ella le susurro con frialdad acercando la daga a su rostro.
—Voy a borrarte esa maldita sonrisa del rostro. —susurro cerca de su rostro furiosa —Sentirás un ardor en tu piel que irá carcomiendo tu carne capa por capa hasta llegar a tus intestinos, tu sangre hervirá —sonrió —, aquí vendrá la mejor parte, cuando sientas como tus intestinos explotan, no lo soportaras y suplicaras que te de él alivio de la muerte. Pero no lo hare, por qué nadie se mete en mis asuntos y vive para contarlo.
No logro que Azahara se inmutara, su divertido intento por derrochar habilidad y destreza en el arte de la tortura termino por ser una vulgar interpretación.
Con una carcajada deshizo el dominio que Rebeca creía poseer.
—No eres tan diferente a Magrini como crees. —el color rojo subió por su rostro, la ira le quemaba las manos, no iba a tragarse tal ofensa.
Alzo la mano lanzando el golpe contra su cara de niña bonita, Azahara frunció su rostro inclinándolo hacia un lado.
El golpe impacto en una muralla de carne, dejando un corte diagonal, la sangre fluyo con rapidez, Azahara abrió sus ojos, asombrada se descubrió protegida por el calor de Bastián, los latidos de su corazón aleteaban con bravura.
—¿Como es que tu…? —se preguntó sin concluir.
—¿No vas a agradecerme? —le susurro en el oído, Azahara detesto ser una princesa en apuros, u más odio que justamente Bastián fuera su salvador.
—Me las estoy arreglando sola. —afirmo con sutil calma.
—Ya lo creo que sí. —adolorido se recargo sobre ella.
—Bastián, ¿eres tú? —levanto la cabeza girando su cuerpo.
—Rebeca —ella corrió a abrazarlo, él no la sujeto como ella hubiera esperado. —¡suéltala!
Los anillos de metal se abrieron, Bastián se giró para apresurarse a sujetarla, la tomo de la cintura bajándola de la plancha
—¿Los conoces? —sonó muy fresca.
—Por supuesto que me conoce niña estúpida, yo soy la prometida de Bastián
Azahara fijo su mirada en él unos segundos, furiosa agacho la mirada, no quería reconocer cuanto moría de celos al pensar que Bastián tuviera un lio con otra Loba. Eso fue más efectivo que la daga bañada en acónito para destruirla.
—¿Cuándo pensabas decírmelo? —pregunto con ironía y una sonrisa llena de disgusto en los labios
Rebeca noto cierta intimidad entre ambos.
—No hagas una escena —le advirtió Bastián —No somo amigos, ¿lo recuerdas?
—Tienes razón. —se tragó sus sentimientos, que estaba cruzando por su mente, y esos celos reventando en su peco era una verdadera tontería.
—¡Mariposa! —Bastián perdía la paciencia fácilmente con Azahara.
—De verdad si quieres,—insistió andando hacia la salida — te devolveré a ella, dejaré que sean felices después de todo yo ya conseguí lo que quería.
—¿De qué estás hablando? —el la detuvo del brazo.
La luminosa sonrisa en el rostro de Azahara era una condena en su pecho, odiaba y amaba verla tan suficiente.
—Le salve la vida al bastardo y ahora está en deuda conmigo, y todo gracias a tu prometida.
Bastián recriminó con una mirada a Rebeca, ella encogió los hombros sin comprender cual era el problema.
—Estábamos muy preocupados por ti, creímos que Magrini te había descubierto…—trato de dialoga pero fue ignorada
—No te acercaras a ese bastardo, No tienes idea el peligro que correr. —continúo discutiendo con Azahara
—Quien me lo va impedir, ¡él prometido de una loca…!
Rebeca caía a la mínima provocación.
—¿Loca?, —Bastián se colocó delante de Azahara protegiéndola —suéltame—Bastián recibió un par de golpes —, no voy a permitir que ninguna omega de bajo nivel me insulte…
—contrólate —Rebeca termino en los brazos de Bastián —No la toques
—¿Por qué la proteges?, por qué la pones por encima de mí. —la rabia se convirtió en dolor, en una puñalada. —deberías defenderme a mi yo soy tu prometida
—¡Ella es mi Luna! — revelo Bastián sabiendo que le causaría un dolor profundo a Rebeca. De inmediato se dio cuenta como una flecha llena de veneno habia atravesado su corazón.
—¡Oh enserio Gatito! —refunfuño con sarcasmo Azahara —Creí que esa —la señalo —era tu Luna.
—Vámonos —Bastián tomo de la muñeca a su mariposa, antes de que continuará provocando una riña.
—No te acerques a mí, no pongas tus manos sobre mí… más te vale apártate si arruinas mis planes acabare contigo. —Camino decidida alejándose de Bastián
—No entiendes, crees que es fácil estar ahí dentro sin que te descubran.
—Se cómo cuidarme—Advirtió con sobrada seguridad.
—Mariposa…
—Deja de llamarme así —le ordeno con una mirada fría —, mi nombre es Azahara.
El camino persiguiéndola.
—¡Bastián! —le grito Rebeca —, te das la vuelta sin una explicación, nuestra preocupación, ¿qué?
La platinada continuo su camino, irritada por el drama de Rebeca.
—Ya sabes que estoy bien, eso es suficiente. —intento zafarse.
—Tengo que curar tu herida, sabes que solo nosotros tenemos el antídoto —si no fuera por eso, Bastián iría tras de su mariposa.
—¡Date prisa! —le ordeno.
Los ojos de Azahara volvieron la vista a Bastián antes de cruzar el umbral de la puerta, colocó la punta de los dedos sobre sus labios estiro la mano mandándole un beso, se dio la vuelta desapareciendo tras la puerta. De esa forma le estaba dándole su libertad.







