Para Trina, la gala se transformó en un suplicio. Cada sonrisa que Alejandro dedicaba a otra mujer, cada conversación con gente importante, le dolía en lo más profundo. Los celos la carcomían por dentro, entorpeciendo su intento de mostrar una actitud profesional con cada mirada que le dirigía a Alejandro, buscando una señal de que era algo más que su arquitecta paisajista.
Él, ajeno a su conflicto interno, fue el anfitrión perfecto, el empresario cautivador de siempre. La invitó a cenar y habl