Virginia sabía

Empezó a reír:

- Eres muy directo.

- Lo siento, Francis... Yo... No sé qué se me metió en la cabeza. Levanté mis pies y me puse a su altura, dándole un largo beso en la mejilla.

Estaba avergonzado por la situación.

- Francisco, hijo mío. Usted vino. – Era Mauricio, con voz entrecortada.

- ¿No es eso lo que pidió mi madre? Creo que ya me esperabas aquí.

- Buenas noches Virginia. - me saludó.

Asentí y salí, todavía con la cara roja por haber hablado del beso en la boca. Al parecer, Francis no hab
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