Parecía mi destino conocer a Marcelus. O no. ¿Me estaba persiguiendo? Recordé que había dicho que se mudaría al centro de Noriah y comenzaría a trabajar allí. Aparentemente, ya había hecho el cambio. Preferí pensar que todo era una desafortunada coincidencia.
- ¿Tú estás trabajando aquí? - le preguntó.
- Sí...
Él sonrió:
- ¡Qué feliz coincidencia!
- Marcelus... - Empecé.
- Oye, está bien. - me cortó. – Mis padres son dueños de este edificio.
¡Era justo lo que necesitaba! Aparentemente tendría u