Mundo ficciónIniciar sesiónVirginia quería una relación seria y alguien que la sacara de Spring Town, lejos de su madre manipuladora y egoísta. Francis solo quería seguir siendo el hombre más buscado de la ciudad, sin involucrarse con nadie hasta el punto de tener citas, siguiendo su pequeña vida tranquila con su familia perfecta. Pero en Primavera no había Francis sin Virginia, y mucho menos Virginia sin Francis, porque todo lo hacían juntos y se conocían los secretos. Hasta que descubrieron que el sexo podía potenciar su amistad sin ser un problema. Pero no contaban con los sentimientos de posesión y celos que podían acompañar a la decisión de mantener una amistad pintoresca. Ni que todo eso pudiera convertirse en un amor loco e incontrolable. Pero el destino quiso que la reina de la primavera, Virginia Hernández, se cruzara en su camino con un hombre rico y poderoso capaz de unirse a su codiciosa madre para destruir cualquier posibilidad de que ella y Francis fueran pareja. Virginia le guardó secretos a Francis que nunca podría revelar, por temor a que no la perdonaran. Francis necesitaba alejarse, para mantener su equilibrio emocional después de todo lo que había pasado. Pero el destino no aceptó a Virginia lejos de Francis, ni tampoco Francis lejos de Virginia. Así, aún lejos de su pequeño y apacible pueblo natal, se reencontraron, como vecinos nuevamente. El problema es que Francis y Virginia se fueron de Primavera... Pero Primavera no los dejó, porque allí estaban los mayores secretos de sus vidas... Esperando a ser revelados, a riesgo de separarlos definitivamente. PORTADA REALIZADA POR: Larissa Matos
Leer másQuando Madison Reese foi forçada a se casar com um homem que não a amava, ela sabia perfeitamente que ele não a trataria bem. Ele nunca foi uma boa pessoa para ela. Na verdade, Cesare Santorini era o tipo de homem que não foi feito para qualquer mulher.
Ela ainda estava vestida de noiva quando se sentiu sozinha naquela festa tediosa. Então, arrastando os seus pés doloridos em um salto muito alto, ela entrou na mansão bem iluminada. Estava completamente vazia ali dentro. Todos os convidados do casamento se divertiam do lado de fora, exceto ela. Não havia motivos para felicidade. Não importava o quanto ela gostasse dele e o quanto se casou por amor, aquilo não parecia certo. Ter alguém que não a quer não era o ideal, e não era o aceitável. Mas quando seu pai conservador soube que ela se entregou a ele depois que o Cesare Santorini invadiu o colégio, pulando os muros para encontra-la, como um adolescente que ele estava muito longe de ser, quis que se casassem. Ele deveria assumir a responsabilidade por ela, e por não ser mais virgem, porque a notícia já havia se espalhado pela pacata cidade.Ela subiu as escadas, focando seus olhos verdes no topo. “ Só mais um passo”, ela pensou, enquanto seus pés doíam absurdamente. E quando se viu, finalmente em seu destino. Celebrou sua vitória com um lindo e breve sorriso de satisfação.Ela caminhou pelo corredor, olhando para o chão. Poderia ter tirado os sapatos assim que entrou em casa, mas ela não queria irritar ainda mais o seu marido. A verdade é que ele odiava vê-la agir como a garota por quem disse que estava apaixonado apenas para seduzi-la. Então, ela continuou como estava, com seus pés doloridos, por que não tinha muita escolha sobre isso.Ela estava muito perto do seu quarto, e ainda tinha aquele pequeno sorriso de bom humor em seus lábios, mas eles foram se desfazendo a cada gemido que invadia os seus ouvidos. Seu coração doeu como se adagas a estivessem golpeando. E ela pensou em voltar, em não abrir aquela porta, o problema é que ela ainda precisava saber quem estava ali dentro. Mas as lágrimas já antecipavam o que estava por vir. E antes que ela empurrasse a porta por completo, pôde ouvir os gemidos mais altos.– Eu te amo. Te amo demais. – Uma voz masculina disse em meio a gemidos e beijos estalados.Madison arregalou os olhos e praguejou mentalmente, sozinha. Ela levou a mão a boca quando a imagem percorreu sua retina e foi decodificada pelo seu cérebro, mas ela ainda demorou para processar. E parada ali, ela continuou a observar toda aquela cena absurda.Seu corpo reconhecia aquela forma de fazer amor, e aquelas palavras que ele dizia para outra mulher agora. Então, ela chegou mais perto deles, mas estavam tão envolvidos que sequer notaram os passos estridentes dela contra o carpete. Ela ainda chorava muito enquanto os via cada vez mais próximo.– Se me ama, porque se casou com outra mulher?E então aquela voz também lhe soou familiar. A Madison Reese ficou parada ali por algum tempo, enquanto esperava por respostas. Enquanto tentava pensar num motivo plausível para o seu marido estar dentro da sua cunhada. Mas a verdade é que não havia nenhuma explicação para aquela atrocidade. Fazia tão pouco tempo que o seu irmão havia morrido que sequer deu tempo de esfria-lo no caixão.– Você sabe que eu fui obrigado. – Os beijos ainda eram intensos. – E além disso, você era casada com o meu irmão. Eu nunca poderia assumir você!– Você é um babaca mesmo! – A mulher se levantou da cama, o empurrando de lado. – Eu nem deveria ter vindo até aqui. Se a minha irmã descobrir que... – E quando seus pés tocam o chão, aquela mulher paralisou no lugar.– Você veio por que sabe que não consegue ficar sem mim. – Ele debochou, sem perceber que a sua esposa estava ali, o observando. E então ele notou como sua cunhada pareceu tão chocada. – O que foi? – ele desliza seus dedos pelo braço da mulher e finalmente olha para a frente.Seu coração praticamente parou de bater quando ele vê aquela mulher parada ali. E o seu rosto que estava sorrindo, se torna serio pela primeira vez.– Não vai dizer nada? – A sua cunhada perguntou, mas a Madison estava paralisada demais para dizer qualquer coisa.Entre un cambio de pañales en el baño de mujeres y una rápida follada en el de hombres, comenzó nuestra canción. Ya estábamos completamente agotados cuando nuestros cuerpos se encontraron en la pista de baile.- Creo que el próximo año no bailaré Tu Amor. - Yo hablé.- ¿Porque? - él se rió.- Porque ya no soporto esta música de día y de noche. Yo también comencé a reír.- ¿Quién hubiera pensado que nuestra música sería la favorita de nuestros hijos?- Puedo apostar que todo esto es obra de Irina.- Ah, no tengo dudas. Me levantó, dejando su vientre entre nosotros.Lo miré a los ojos y sentí el mismo amor que cuando bailábamos la misma canción hace diez años, unidos por una voluntad completamente absurda.Alisé su nunca y dije:- Te amo, bombón de Francis.- Te amo, Vi hot... Y madre de mis tres hijos.Me reí:- ¿Te imaginabas que algún día pasaría todo esto?- Que te haría el amor sí... Porque ya lo hice con tus fotos.- Depravado... Pervertido.- Pero confieso que tenía miedo de tene
- Marcelus... Por favor, deja ir a mi chico. - Pregunté, en un hilo de voz.- ¿Por qué haría eso, hermosa Virginia? - él se rió. - Pero mátame una curiosidad: ¿es alérgico?No dije nada. Tomó el arma y apuntó al suelo:- ¿Quieres que se lo enseñe a Francisco? ¿O debería llamarlo Francisco? Hola Francis, ¿ese es tu apodo?- No. Se encogió de hombros mientras imitaba la voz del títere, haciéndolo volar en sus brazos. – Francisco es mi padre. - hizo la voz de un superhéroe .- ¿Dónde está Francisco? - preguntó Marcelo. “No puedo creer que se vaya a perder la mejor parte de la fiesta.- ¿Qué quieres, idiota? – preguntó michelle.- ¿Es por allí? Me apuntó con el arma. - Sólo eso. Podría verte... Después de todo, fue mamá quien hizo publicidad de la chica buena, ¿verdad?- ¿Crees que te saldrás con la tuya esta vez? - ella preguntó.- No... No soy como tú, Michelle. Te saliste con la tuya. Pagué por lo que hice. Perdí el derecho a practicar. ¿Adivina que? Me mudé a otro país para poder ejer
Francis estaba atendiendo a algunos clientes en el pueblo cercano ese día. Y tenía proyectos atrasados, lo cual era común. Estaba lista para terminarlos definitivamente, pero Francisco estaba muy agitado. Si no era suficiente para él correr por la casa, tenía a los perros ladrando. De hecho, este era su juego favorito: corría mientras las bolas de pelo intentaban atraparlo.Seguro de que no podía hacer otra cosa, invité:- Francisco, ¿qué te parece jugar en la plaza?- Sí, sí, sí... - Saltaba hacia la habitación, ya separaba unos muñecos, unos carritos y vestía su traje de superhéroe favorito .Lo ayudé a vestirse apropiadamente, ya que había puesto sus piernas en sus brazos y ya se estaba molestando. Pronto subimos al auto, con las manos llenas de bolsas de juguetes.- Mamá, pon nuestra música. – preguntó, tan pronto como encendí el auto.Me puse Tu Amor. Empezó a cantar enseguida. Pronto me escuché siguiéndolo. Sonreí, viéndolo en el espejo retrovisor inventando palabras al ritmo de
- Yo... yo traje esto. Michelle me mostró una margarita en su mano.- Yo... yo no estaba loco. Te vi... ¿Qué quieres?- Vine a traerte una flor. - Dijo ella, sin acercarse.- ¿Quieres darme una flor? – pregunté confundida. - ¿Tiene... veneno? ¿Leche?- ¿Crees que haría eso?- Creo... Quiero decir, estoy seguro.Michelle miró los regalos que estaban por todas partes en la habitación. Fue a la ventana y abrió la ventana, tirando la flor.La miré, quien dijo con aire burlón:- ¿Por qué querrías una simple margarita, verdad?Estaba tan cerca que podía oler su perfume. Un ligero temblor se apoderó de mi cuerpo:- ¿Qué quieres aquí? Vete... o llamaré a la policía.- ¿Que hice? ¿Qué vas a decirle a la policía?- Qué... Entraste sin permiso.- Soy tu madre, Virginia, te guste o no.- Nunca lo fue... ¿Por qué esto ahora? Dime de una vez lo que quieres de mí y sal de aquí.- Quiero ver al niño. Habló en un tono autoritario.- ¿Estas loco? Tú... No verás a mi hijo. Presioné a Francisco contra mí
El pediatra dijo:- Papá viene conmigo. Lo pesaré, lo mediré mientras usted y su familia pueden verlo todo. Mamá ahora se recuperará un poco y pronto estarán los tres juntos en la habitación. - Habló cariñosamente.Entonces vi a mi hijo siendo llevado en el regazo de un papi completamente tonto, que no le quitaba los ojos de encima ni un segundo. Sonreí, inmensamente feliz. A pesar del agotamiento físico, ya no tenía dolor. Porque la felicidad era tan intensa dentro de mí que no había lugar para nada malo.Antes de salir por la puerta, Francis dijo:- Te amo, Vi... Está bien. Te estaremos esperando... Los dos.- Los amo. – dije emocionada de agregar una “s”.Salió por la puerta y volvió:- Dom... ¿Vienes con nosotros?Dom se rió:- ¿Esto son celos?- No pensarás que voy a salir y dejarte con mi mujer, ¿verdad?Dom negó con la cabeza y fue con él.En cuanto dejé de ver a Francis y Francisco empecé a sentir dolor.- Necesito algo para el dolor. Sin ellos a mi lado no soy tan fuerte. - C
Sí, esa era nuestra canción. Y no podía ser nadie más que ella. Una vieja canción, que casi nadie escuchaba excepto en los bailes de primavera, pero solo nosotros dos sabíamos lo importante que era para nosotros. Y no solo por la letra... Simplemente porque un día tocó un momento importante que estuvimos juntos y cuando nos dimos cuenta, era parte de nuestro pequeño mundo de algodón de azúcar, visitas nocturnas entrando por la ventana, baladas...Nuestros cuerpos se encuentran, separados por mi enorme barriga, que llevaba a nuestro hijo.- Dime que todo está bien... Y que ella no te hizo nada malo.- Ya no puede hacerme daño, Francis.- “Solo quiero usar tu amor esta nocheNo quiero perder tu amor esta noche". - Dijo, acercándome lo más que podía a él, cantándome al oído.- Me encanta cuando cantas para mí, Francis. - Confesé.- Te amo Vi.- Es tan lindo escuchar a Tu Amor y no estar obligado a bailarlo porque es el baile de la primavera. - Empecé a reír.- Confieso que yo también lo
Último capítulo