Caléndula

- Yo... yo traje esto. Michelle me mostró una margarita en su mano.

- Yo... yo no estaba loco. Te vi... ¿Qué quieres?

- Vine a traerte una flor. - Dijo ella, sin acercarse.

- ¿Quieres darme una flor? – pregunté confundida. - ¿Tiene... veneno? ¿Leche?

- ¿Crees que haría eso?

- Creo... Quiero decir, estoy seguro.

Michelle miró los regalos que estaban por todas partes en la habitación. Fue a la ventana y abrió la ventana, tirando la flor.

La miré, quien dijo con aire burlón:

- ¿Por qué querrías una simple margarita, verdad?

Estaba tan cerca que podía oler su perfume. Un ligero temblor se apoderó de mi cuerpo:

- ¿Qué quieres aquí? Vete... o llamaré a la policía.

- ¿Que hice? ¿Qué vas a decirle a la policía?

- Qué... Entraste sin permiso.

- Soy tu madre, Virginia, te guste o no.

- Nunca lo fue... ¿Por qué esto ahora? Dime de una vez lo que quieres de mí y sal de aquí.

- Quiero ver al niño. Habló en un tono autoritario.

- ¿Estas loco? Tú... No verás a mi hijo. Presioné a Francisco contra mí
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