El sol brillaba con fuerza esa mañana, pero el aire seguía cargado de una pesadez palpable, como si la ciudad misma respirara con cautela, temerosa de lo que vendría. El fuego había dejado sus marcas, no solo en Étoile, sino también en los corazones de aquellos que lo habían vivido. La devastación no solo era física, sino emocional. Pamela caminaba por la calle hacia su casa, su rostro grave y pensativo, mientras las ruinas de su escuela seguían humeando a lo lejos.
Cristhian había estado firme