La madrugada se sentía extrañamente densa. El aire, aunque quieto, cargaba una electricidad invisible, como si el destino respirara detrás de cada esquina. Pamela no había dormido. Desde la revelación del vínculo de Iván Ferreira con el secuestro de Abigail, el mundo parecía tambalear en cada paso que daba.
Abigail dormía profundamente, finalmente en casa, abrazando una pequeña manta de satén rosa, vigilada por la señora Mirian y una enfermera que Christian había traído especialmente. Matías,